Detenidamente veía todo ese nuevo mundo como una fotografía era como si el tiempo no existiera. Ese mundo estaba rodeando al niño. El paseaba mirando a la masa de gente, como si inspeccionaba a un bicho raro, todos sus expresiones eran distintas, era simplemente terror, lo sorprendían, no entendía a su amigo ratón que encontraba aburrido su mundo. En su mundo todos sonreían automáticamente, sin ver algún motivo alguno. Todos ocupaban los mismos tipos de ropas chillonas dependiendo del día. Los edificios eran abstractos, las escaleras infinitas hasta llegar a las nubes, ventanas sin vidrios, los semáforos púrpuras y rosas. El pavimento un naranjo gritando que lo vean.
El quería ser parte de esa masa, de correr, gritar, quería que nuevos sentimientos resurgieran, ser libre, salir del margen.
El tiempo ya no podía seguir esperando, volvió a su curso, la masa se movía sin importarle quien estaba delante. El pequeño fue llevado con empujones y golpes por la masa hasta caer donde esta "él". Su mundo en ese instante debería estar celebrando el día de la letra "A" todos con sus disfraces en versalita, en minúscula, en negrita, con diferentes tamaños. Ridículo, este mundo que me presento "él" es más... satisfactorio, tantas expresiones. Tan distintos.
El ratón observo al niño y el niño observo al ratón.
¿Dónde se fue los colores?- pregunta el ratón refiriéndose al mundo del niño.
Eso no es importante, los colores deben desaparecer- responde el niño.
Yo no me lo creo, "él" lo comprendió en ese instante, ellos era iguales buscando lo mismo un mundo donde la realidad fuera superada por la fantasía. En realidad el niño nunca se dio cuenta que quería un universo distinto solamente cuando se encontró con él, el ratón plomo de la cocina, abajo en mueble donde estaban todos los artículos de limpieza.